Horacio Alcaraz
NUEVOS LÍDERES PARA NUEVOS DESAFÍOS.
EL DESAFÍO DE LA RENOVACIÓN MINISTERIAL.

En el anexo del libro “Caminos Olvidados” de Alan Hirsch él escribe sobre “Curso acelerado de caos”. Y dice lo siguiente: “… la iglesia de Occidente se enfrenta con lo que se denomina desafío de adaptación. En teoría, los desafíos de adaptación son situaciones en que el organismo (u organización) se ve desafiado a cambiar y adaptarse para mejorar sus posibilidades de supervivencia. Este desafío puede presentarse ya sea por una amenaza tipo “adaptarse o morir”, o por la seductora oportunidad de un mejor futuro posible…”
“Para la iglesia, estas dos formas de desafío son muy reales. La iglesia institucional se ve amenazada por la velocidad en que ocurren los cambios en la sociedad, y por otro lado se le presenta la seductora oportunidad de una apertura masiva, casi sin precedentes… Ambas cosas son buenas razones para el cambio”
Sigue diciendo: “Ante esta situación se nos exigen reajustes paradigmáticos.”
¿A dónde voy con todo esto? Ahora te lo digo…
Ante un mundo que cambia de manera acelerada los intentos de renovar la iglesia no han dado los resultados esperados. Y las expresiones de éxito local no valen. Porque siempre puedo estar mejor que el vecino menos afortunado. Esa manía individualista de la comparación con el otro para medir mi éxito. En cuanto resultados me refiero al impacto de la iglesia como movimiento de Jesús en la sociedad.
Cuando miramos a nuestro alrededor hay tres fenómenos que son constantes: el cambio, la adaptación y la creatividad. Pero, nuestras iglesias e instituciones parecen incapaces de gestionar el cambio, hay poca o nula capacidad de adaptación, y nuestra creatividad es meramente “imaginaria” y cosmética. ¿En qué la iglesia hispanoamericana ha sido creativa? No hemos hecho otra cosa que imitar todo lo que viene del norte.
Porque con el evangelio que nos llegó del norte también nos llegó el paradigma mecanicista del siglo XVIII aplicado a la iglesia. Es a ese paradigma al que nos referimos cuando decimos que “Dios es un Dios de orden”. ¿Cuál orden? El mecánico. Por eso todo aquel que quiera empezar en el ministerio solo tiene que aprender la mecánica del asunto y echarlo a andar con una primera reunión o culto.
Necesitamos unos lentes distintos para poder mirar nuestras iglesias, organizaciones y el liderazgo si queremos ir más allá de esto.
¿Por qué a las iglesias y sus pastores nos cuesta tanto seguir a Jesús en Su misión? Porque nuestro sistema mecánico no nos permite dar el primer paso y salir de la institución hacia el campo de misión; aunque ese campo de misión esté del otro lado de la puerta del templo.
Estamos tan cautivos de nuestro sistema que nos la pasamos arengado a los creyentes diciéndoles “Hay que salir al mundo a ser sal y luz”. Estimado, la iglesia ya está en el mundo, el problema es que nos percibimos desconectados de él y dentro de nuestro sistema. Y a la hora de hacer un converso le enseñamos todo lo que necesita saber para funcionar en este sistema cuyo eje central es el culto del domingo. Si el nuevo feligrés es fiel asistente, fiel en sus diezmos y ofrendas, fiel a las directivas del pastor, se lo considera un creyente maduro. Aunque sea inoperante como testigo de Cristo en la sociedad.
Necesitamos un cambio de paradigma que nos lleve a recuperar, como Roland Allen decía, “la manera de Cristo y los apóstoles”.
Ahora bien ¿Quién va liderar el proceso de cambio de paradigma?
Pascale, Millemann y Goija en su libro “El líder en tiempos de Caos”, hacen una comparación entre dos tipos de liderazgo: El operativo (o tradicional) y el adaptativo. ¿A ver en cuál encajamos la mayoría de líderes evangélicos?
Liderazgo operativo.
En esencia, el liderazgo operativo es el que funciona en entornos relativamente estables. Su principal responsabilidad de liderazgo es el mantenimiento y desarrollo del programa en curso. Son líderes cuyas habilidades y prácticas las usan para operar la rutina diaria de su organización.
Este tipo de liderazgo responde a una visión mecanicista del mundo. Funciona y es lo que algunas organizaciones necesitan.
Liderazgo adaptativo.
Se caracteriza por la capacidad de adaptarse a diferentes entornos y desafíos, y por la flexibilidad para cambiar de estrategia cuando sea necesario. Los líderes adaptativos están abiertos a la retroalimentación, son ágiles para cambiar de dirección y están preparados para afrontar desafíos que exigen adaptarse.
El liderazgo adaptativo va más allá de gestionar problemas diarios, y demanda enfrentar desafíos que cuestionan el statu quo. Este tipo de liderazgo implica sumergirse en un cambio profundo para evolucionar.
Una conclusión: Vistas las diferencias, el liderazgo operativo es una buena descripción del tipo de liderazgo que predomina en la iglesia. Operamos el sistema sin innovarlo.
Esto no quiere decir que el estilo operativo y más mecanicista de liderazgo no tenga un lugar. Pero los métodos y herramientas asociados a este tipo de liderazgo solamente funcionan “cuando se conoce de antemano la solución y ya se tiene un repertorio eclesiástico establecido para implementarla.” No funcionan en situaciones de incertidumbre que demanden un pensamiento innovador y un liderazgo adaptativo.
Lo que el cristianismo occidental necesita desesperadamente es un liderazgo adaptativo; gente que nos pueda ayudar en la transición a un modo de iglesia diferente, renovada, más ágil, “a la manera de Cristo y de los apóstoles”.
Estos líderes no tienen por qué ser los nuevos inventores de la “pólvora” ministerial, pero sí deben ser capaces de perturbar la sofocante rutina de cultos y reuniones y de crear las condiciones para el cambio y la innovación.
Y si te gusta, acá es donde verdaderamente encaja el significado real del liderazgo apostólico. Porque una parte esencial del liderazgo apostólico es cultivar la adaptabilidad y la capacidad de respuesta para poder asegurar la supervivencia, y la propagación, de la fe. Pienso en Pedro rompiendo los moldes yendo a la casa de Cornelio. En Pablo, predicando a los filósofos de Atenas. En el autor de Hebreros diciendo que el ritual del templo Dios lo enterró y sacó a luz un culto mucho mejor, sin templo, ni altar, ni sacerdotes ungidos especialmente.
Creo que a veces no apreciamos la capacidad de adaptación que tuvieron que tener los primeros líderes de la iglesia para enfrentar y llevar adelante el cambio contra las religiones centradas en templos, ministros religiosos, altares y sacrificios.
En fin, una función central del llamado apostólico es mantener a la iglesia en marcha, adaptándose y encarnando el evangelio en nuevos contextos.
Ahora, no podemos ir a ningún lado a “comprar” líderes adaptativos que la iglesia necesita hoy desesperadamente para liderar en el tiempo actual hacia el futuro.
Así que el desafío es reveinventarnos y transformarnos en la clase de líderes que la iglesia necesita. Pero no quiero que pienses que esta transformación es un nuevo desafío, sino que es el mismo de siempre, pero que no ha sido tenido en cuenta.
Rom 12:2 No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar…
Flp 3:13 Hermanos, yo no pretendo haberlo alcanzado. Digo solamente esto: olvidándome del camino recorrido, me lanzo hacia adelante… Flp 3:15 Así debemos pensar los que somos maduros; …
Luc 5:37-38 Tampoco se echa vino nuevo en recipientes viejos porque, cuando el vino nuevo fermente, hará que reviente el cuero viejo. Entonces se perderá el vino nuevo, y los recipientes se destruirán. Por eso, hay que echar vino nuevo en recipientes de cuero nuevo.