Horacio Alcaraz
CÓMO ERA IR A LA IGLESIA EN EL SIGLO I.

Este post es para dar fundamento, orientación y explicación al proceso de pasar de ser LA CASA de la Palabra a una RED DE CASAS de la Palabra. En otras palabras, por qué ir de una iglesia convencional de domingo a una red de iglesias en casas. No estamos tratando de “inventar” un nuevo modelo de iglesia, sino más bien, redescubrir las raíces bíblico-históricas de la iglesia, interpretarlas para nuestro tiempo y hacer los ajustes necesarios para volver a la manera de Cristo y los apóstoles.
TE PREGUNTASTE CÓMO ERA IR A LA IGLESIA EN EL PRIMER SIGLO.
Hoy tenemos dos fuentes de información como para tener una idea bien, pero bien clara de cómo era la iglesia de los primeros 300 años. Luego todo cambió cuando aparecieron los templos. La primera fuente de información fidedigna es la Palabra de Dios. La segunda son las recientes investigaciones acerca de la vida de los primeros cristianos.
- Hechos 2:46: Adoraban juntos en el templo cada día, se reunían en casas para la Cena del Señor y compartían sus comidas con gran gozo y generosidad,
- Hechos 5:42: Los seguidores de Jesús iban al templo todos los días, y también se reunían en las casas. Los apóstoles, por su parte, no dejaban de enseñar y de anunciar la buena noticia acerca de Jesús, el rey elegido por Dios.
- Hechos 8:3: Mientras tanto, Saulo seguía maltratando a los miembros de la iglesia. Entraba a las casas, sacaba por la fuerza a hombres y mujeres, y los encerraba en la cárcel.
- Hechos 12:12: Cuando se dio cuenta de esto, fue a la casa de María, la madre de Juan Marcos, donde muchos se habían reunido para orar.
- Hechos 16:40: En cuanto Pablo y Silas salieron de la cárcel, se fueron a la casa de Lidia. Allí vieron a los miembros de la iglesia y los animaron a seguir confiando en Jesús. Luego, Pablo y Silas se fueron de la ciudad.
- Hechos 20:20: Nunca me eché para atrás a la hora de decirles lo que necesitaban oír, ya fuera en público o en sus casas.
- Romanos 16:5: Saluden, igualmente, a la Iglesia que se reúne en su casa. No se olviden de saludar a mi amigo Epéneto, el primero que se convirtió a Cristo en Asia Menor.
- 1 Corintios 16:19: Las iglesias de la provincia de Asia les envían saludos. También los saludan en el Señor, Aquila y Priscila, junto con los hermanos que se congregan en su casa.
- Colosenses 4:15: Saluden a los hermanos de Laodicea, especialmente a Ninfas y a la Iglesia que se reúne en su casa.
- 1 Timoteo 5:13: Además, si no tienen nada que hacer, acaban yendo de casa en casa y se dedican a charlar y a curiosear, ocupándose en lo que no les importa.
- Filemón 2: También saludamos a toda la iglesia que se reúne en tu casa, y a la hermana Apia y al hermano Arquipo, nuestro compañero de trabajo.
- 2 Juan 10: Si alguien va a visitarlos y no enseña estas cosas, no lo reciban en su casa ni lo saluden,
Tesis N° 1: El cristianismo era (es) una forma de vida, no una serie de reuniones religiosas.
AHORA, BASADOS EN EL NT Y LA INVESTIGACIÓN DE ROBERT BANKS en su libro “Yendo a la
Iglesia en el primer siglo: el relato de un testigo”, RECONSTRUYAMOS LA ESCENA
Estamos en Roma, año 62 dC. Es domingo por la tarde y un tal Publius Valerius Amicius Rufus está de paso por Roma y se hospeda en la casa de Clemente y Evodia quienes lo invitan a una reunión a la que ellos van una vez por semana para comer.
Acá tenemos el primer dato importante… Las invitaciones a la iglesia eran abiertas.
En este caso en particular, la casa a donde se reunían pertenecía a un matrimonio de emprendedores llamados Aquila y Priscila, quienes habían alquilado una casa con local de ventas de tiendas, como lo habían hecho en Éfeso y Corinto. Y en donde también hacían este tipo de reuniones en su casa.
Los creyentes donde iban abrían sus casas para reunir a la iglesia.
Al llegar Publius nota que los anfitriones saludan con mucho afecto, con un abrazo y beso a Clemente y Evodia (que lo habían invitado). Como un saludo entre hermanos de sangre. La pareja llegó con una comida preparada para compartir en la cena.
Empezaron a llegar a la reunión algunos matrimonios con sus hijos pequeños.
Los anfitriones tenían fama en el vecindario de ser hospedadores, incluso de extraños.
Llegaban más personas, como por ejemplo, un amo con su esclavo, pero que se trataban de igual a igual. Había en el grupo personas de diferentes clases sociales.
Al inicio las conversaciones eran informales hasta que llegaban todos, pero en realidad la reunión había empezado apenas ellos llegaron primero. Luego pasaban al comedor y al invitado se le daba el mejor asiento y lugar en la mesa. En ocasiones se ponía otra mesa para que todos pudieran estar cómodos para comer juntos.
Empezaba la comida. Se guardaba porciones para los que llegaban tarde.
Para empezar la comida, se tomaba un pan y se daba gracias recordando:
- Que el Señor estaba presente en la reunión.
- Que había entregado su vida por ellos.
- Que en su última comida con sus discípulos compartió el pan y les dijo que ese pan lo representaba a Él.
- Que, así como necesitamos el pan para el sustento físico, lo necesitamos a El para tener vida eterna.
- Que murió en la cruz para pagar por nuestros pecados, pero que Dios el Padre lo levantó al tercer día de entre los muertos.
- Que ahora el Señor da vida a todos los que crean en Él.
- Que prometió su presencia todos los días y en cada circunstancia.
- Que al comer el pan lo estamos experimentando a Él.
Se hacía la oración y luego partía el pan y lo pasaba para que todos comieran un pedazo. La cena seguía con una conversación informal entre los invitados, interesándose por la vida del otro.
Se leían las cartas (boletín informativo) de los obreros en el campo o si había llegado alguna epístola de algún apóstol.
Los que querían, compartían algunas cargas o problemas en busca de consejo sabio. Se notaba que el problema personal era también un asunto de importancia para toda la comunidad.
Mientras comían, llegaban algunos con algún invitado recién convertido por algún evangelista o predicador itinerante.
Si surgían dudas o había falta de claridad sobre el consejo a dar al hermano que había compartido su carga, se consultaban las Escrituras, especialmente las epístolas de los apóstoles. Los escritos de los apóstoles eran normativos para todas las iglesias. Establecían no solo cuestiones doctrinales, sino también códigos de conducta/domésticos para todas las iglesias.
Cada uno contribuía con algo para la mutua edificación de los creyentes.
Había espacio y tiempo para conversaciones en grupos más pequeños (2 o 3).
Las reuniones no tenían ninguna apariencia de ser religiosas. No había un sacerdote. No había rituales.
Alguien daba testimonio de cómo había llegado a ser parte de la iglesia.
Se servía el vino y se explicaba su significado y todos bebían. En ese momento se solía invitar a los nuevos a reconocer a Jesús como Señor y entregarle la vida como Salvador (oración de fe o del pecador).
Los chicos llevaban juegos o juguetes para después de la cena, antes del postre.
Luego empezaba un tiempo de cantos y oración donde todos podían participar cantando u orando. Alguien podía dar una reflexión acerca de alguna de las canciones.
Se ministraba a enfermos u otros necesitados de oración con imposición de manos.
Alguien compartía un salmo u otro texto apropiado para la ocasión, de memoria (no abundaban los escritos en papel y menos los que sabían leer)
Alguien compartía una enseñanza de la Palabra y se debatía su aplicación.
Se recordaba a todos que Dios había dado dones para que los usáramos para la edificación de la iglesia (los hermanos reunidos) y por eso eran esenciales. Alguien compartía alguna revelación en forma de profecía, una palabra de ciencia o de sabiduría para alguien en particular y por algún asunto en particular. Luego se oraba con imposición de manos sobre el que había recibido esa revelación.
Todo terminaba cantando juntos una canción.
La despedida era afectuosa, Publius fue invitado para la próxima reunión, y el regreso a casa con acompañamiento por seguridad.
REFLEXIÓN FINAL… ¡PENSÁ EN ESTO!
Antes de que se les llamara cristianos, a los seguidores de Cristo se les llamaba «El Camino». ¿Sabés por qué? Porque literalmente habían encontrado el camino de vida.
La esencia de la iglesia no se refleja en una serie de reuniones religiosas dirigidas por líderes espirituales y pastores de profesión en lugares santos especialmente reservados para experimentar a Jesús.
Muy al contrario, es la forma profética en la que los seguidores de Cristo viven cotidianamente sus vidas, en el entorno de familias espirituales, como una respuesta vívida a las preguntas que se hace la sociedad, en el lugar en el que más cuenta, sus hogares.
HASTA EL PRÓXIMO POSTEO.