Horacio Alcaraz
15 TESIS PARA UNA REFORMA DE LA ESTRUCTURA DE LA IGLESIA – Primera parte

No estamos tratando de “inventar” un nuevo modelo de iglesia, sino más bien, redescubrir las raíces bíblico-históricas de la iglesia, interpretarlas para nuestro tiempo y hacer los ajustes necesarios para volver a la manera de Cristo y los apóstoles.
«La iglesia tal y como la conocemos está estorbando para que surja la iglesia tal y como Dios la quiere».
Reformas y renovaciones…
- Lutero reformó el contenido del evangelio, la doctrina, pero dejó intactas las formas y estructuras de la «iglesia».
- Años después. Los reformadores radicales creían que su reforma debía purificar no únicamente la teología, sino también la vida real de los cristianos, especialmente sus relaciones políticas y sociales; que, al buscarla, separaron de la iglesia del estado.
- Entonces llegaron los pietistas, que fue un movimiento de avivamiento espiritual entre los luteranos; después llegaron los Bautistas y la bautizaron.
- Después los cuáqueros la limpiaron en seco defendiendo la justicia, la vida sencilla, la honradez estricta y el pacifismo de la iglesia.
- Más tarde el Ejército de Salvación le puso un uniforme.
- A continuación, los Pentecostales la bautizamos en el Espíritu Santo, y
- Los carismáticos evangélicos la renovaron en su música y los dones del Espíritu.
PERO hasta el día de hoy nadie ha cambiado realmente el sistema, la forma, la estructura de la iglesia que ha perdurado por 325 años. Todavía Constantino nos lleva al templo de la mano cada domingo, como él lo ordenó a mediados del siglo IV.
La reforma de la estructura de la iglesia es la reforma que falta.
POR ESO 15 TESIS PARA UNA REFORMA DE LA ESTRUCTURA DE LA IGLESIA *tomadas del libro CASAS QUE TRANSFORMARÁN EL MUNDO, de Wolfgang Simson, con algunos comentarios personales.
1- El cristianismo es una forma de vida, no una serie de reuniones religiosas.
Antes de que se les llamara cristianos, a los seguidores de Cristo se les llamaba los seguidores de «El Camino». Una de las razones era que literalmente habían encontrado el camino a Dios, a la salvación y al sentido de la vida.
Lo que distinguía a la iglesia no eran sus reuniones religiosas dirigidas por líderes espirituales profesionales, en lugares santos especialmente reservados para experimentar a la presencia de Dios. Muy por el contrario, lo que distinguía a la iglesia era la forma profética en la que ellos vivían cotidianamente sus vidas en el contexto de familias de la fe como respuesta alternativa a las preguntas que hace la sociedad, en el lugar en el que más contaba, sus hogares.
Comentario: se los veía vivir como aquellos, no que el domingo iban al culto, sino como aquellos que habían encontrado la clave para una vida plena en lo cotidiano.
2. Es hora de cambiar el sistema «categoga».
Las iglesias históricas Ortodoxa y Católica Romana desarrollaron y adoptaron, en el siglo IV después del período de Constantino, un sistema religioso basado en dos elementos: Una versión cristiana del templo del Antiguo Testamento (la catedral) y un modelo de la adoración que se hizo común después de la sinagoga judía.
Así adoptaron, como patrón que habría de continuar en el futuro, un modelo que daría forma a las reuniones cristianas y a la adoración, pero que ni había sido revelado por Dios ni Jesús ni los apóstoles del NT. De esta forma surgió la «categoga», conectando la mentalidad de «casa de Dios» con la sinagoga (catedral-sinagoga).
El sistema de «categoga» se basó en el concepto filosófico griego que separó lo sagrado de lo secular. Así la iglesia se mete en el templo, perdiendo la mayor parte de su poder para transformar la sociedad. La Iglesia Católica Romana llegó a canonizar este sistema de adoración a Dios.
Cometario: nuestras reuniones son reminiscencias de aquello que el autor de Hebreos dijo que Cristo vino para quitar lo viejo, y establecer lo nuevo.
3. La Tercera Reforma
Al redescubrir el evangelio de salvación por la sola fe y la sola gracia. Lutero empezó a reformar la iglesia a través de una reforma de la teología. En el siglo XVIII, por el movimiento de la renovación pietista, sucedió una recuperación de la intimidad con Dios, que llevó a la iglesia a una reforma de la espiritualidad, la Segunda Reforma.
Ahora Dios está tocando a los mismísimos odres, iniciando una Tercera Reforma, la de las estructuras.
4. De casas de Dios como iglesia a iglesias en las casas.
Desde los tiempos del Nuevo Testamento no ha habido nada a lo que se le pueda llamar «casa de Dios». Pagando con su propia vida, Esteban nos recuerda: Dios no habita en templos hechos con manos humanas. La iglesia es el pueblo de Dios. Por lo tanto, la iglesia estaba y sigue estando donde se encuentra la gente, esto es, en los hogares, en casas comunes y corrientes. Es ahí donde los que pertenecen al pueblo de Dios comparten sus vidas en el poder del Espíritu Santo, tienen verdaderas reuniones ágapes, es decir, comen cuando se reúnen; a veces no dudan en usar sus recursos para compartir bendiciones materiales y espirituales; se enseñan unos a otros cómo obedecer la palabra de Dios en el contexto de situaciones de la vida real, en una forma dinámica, con mucho diálogo, y no a través de unas clases teóricas dictadas por un experto predicador. Oran y profetizan juntos, se bautizan unos a otros, y llegan a despojarse de sus máscaras confesando públicamente sus pecados, recibiendo así una nueva identidad como cuerpo a través del amor, la aceptación y el perdón.
Comentario: lo impracticable de los dones de Rom.12, 1 Cor.12, 1 Cor. 14:26, 1 Ped.4:10, ni hablar de Ef.4:11. Estamos desobedeciendo la Palabra de Dios por nuestra tradición.
5. La iglesia tiene que volverse pequeña para poder crecer a lo grande.
Muchas iglesias de hoy son demasiado grandes como para poder ofrecer a sus miembros una comunión verdadera. En realidad, se han convertido en «reuniones sin comunión». La iglesia del Nuevo Testamento estaba formada por grupos de entre 10 y 15 personas. No crecía por el hecho de formar grandes congregaciones de decenas o cientos de personas que llenasen un templo o salón y perdiesen el contacto personal de una comunión íntima. Al contrario, se multiplicaba de forma «horizontal» al dividir los grupos como se dividen las células del cuerpo, una vez que esos grupos crecían hasta alcanzar las 15 o 20 personas. Esto hacía posible que, en ocasiones, todos los grupos que había en una ciudad se juntaran en una sola celebración, como sucedía en el pórtico de Salomón al costado del templo en Jerusalén.
Nuestra iglesia congregacional tradicional, tal y como la conocemos, no es, en comparación, ni grande ni íntima, más bien es un intento fallido y un fracaso estratégico para ganar las ciudades para Cristo.
No queremos ganar la ciudad para Cristo. Si quisiéramos, podríamos hacerlo.
CONTINUARÁ…